Como ya es tradicional, en la mágica noche de San Juan, abrimos las puertas de nuestro piso bajo, el, ya popular, Chiringuito, para junto con nuestros socios, pasar la velada allí, junto al mar que nos une y frente a Melilla.
Muy temprano, a las cinco de la tarde, el grupo de voluntarios empezó con los preparativos, la cocina, acondicionamiento de su terraza, equipo musical, etc, llegando los primeros socios participantes sobre las ocho de la noche, de una magnífica noche de verano en el Paseo Marítimo de Almería.
Así estuvieron llegando socios durante toda la noche, pues no olvidemos que se trata de un día laborable y muchos llegaron a la Casa directamente al finalizar su jornada laboral.
Como, también es tradición, la estrella culinaria de la noche, fue la sardina a la plancha, de la que se consumieron, más de treinta kilos, acompañada de otros muchos kilos de chorizos y morcillas, como vemos una noche “Light”, regado todo ello por las frescas sangría (más de cuarenta litros) y cervezas o el buen caldo de la tierra, en esta ocasión se degustó vino de la población almeriense de Lúcar.
A la mítica hora, las doce de la noche, muchos de los socios atravesaron los escasos metros que separan la sede de la Casa de la orilla del mar, para mojarse los pies y los ojos, como también manda la tradición de la noche.
La noche continuó observando como el fuego quemaba las diferentes hogueras instaladas por toda la playa de la ciudad, disfrutando los fuegos de artificios, preparados para el evento por el Ayuntamiento y, viendo, los más y los menos nostálgicos, como el ferry abandonaba el puerto de Almería, la bocana está frente a la Casa, rumbo a nuestra ciudad, rumbo a Melilla.
Posteriormente se dio paso al sorteo de un jamón entre los asistentes, recayendo el gustoso premio en la socia Raquel Guil, quien lo recibió de manos de Lola, la presidenta.
La noche siguió, pues en la ciudad de Almería el día 24 es festivo, con los socios, recordando anécdotas y viendo, con mucha ilusión y aunque suene a tópico el resplandor de las hogueras que también se debían estar consumiendo en Melilla, hasta que al filo de las tres de la madrugada los más trasnochadores regresaron a sus casas, con la satisfacción, eso sí, de, un año más haber cumplido con la tradición de esta mágica noche.
Muy temprano, a las cinco de la tarde, el grupo de voluntarios empezó con los preparativos, la cocina, acondicionamiento de su terraza, equipo musical, etc, llegando los primeros socios participantes sobre las ocho de la noche, de una magnífica noche de verano en el Paseo Marítimo de Almería.
Así estuvieron llegando socios durante toda la noche, pues no olvidemos que se trata de un día laborable y muchos llegaron a la Casa directamente al finalizar su jornada laboral.
Como, también es tradición, la estrella culinaria de la noche, fue la sardina a la plancha, de la que se consumieron, más de treinta kilos, acompañada de otros muchos kilos de chorizos y morcillas, como vemos una noche “Light”, regado todo ello por las frescas sangría (más de cuarenta litros) y cervezas o el buen caldo de la tierra, en esta ocasión se degustó vino de la población almeriense de Lúcar.
A la mítica hora, las doce de la noche, muchos de los socios atravesaron los escasos metros que separan la sede de la Casa de la orilla del mar, para mojarse los pies y los ojos, como también manda la tradición de la noche.
La noche continuó observando como el fuego quemaba las diferentes hogueras instaladas por toda la playa de la ciudad, disfrutando los fuegos de artificios, preparados para el evento por el Ayuntamiento y, viendo, los más y los menos nostálgicos, como el ferry abandonaba el puerto de Almería, la bocana está frente a la Casa, rumbo a nuestra ciudad, rumbo a Melilla.
Posteriormente se dio paso al sorteo de un jamón entre los asistentes, recayendo el gustoso premio en la socia Raquel Guil, quien lo recibió de manos de Lola, la presidenta.
La noche siguió, pues en la ciudad de Almería el día 24 es festivo, con los socios, recordando anécdotas y viendo, con mucha ilusión y aunque suene a tópico el resplandor de las hogueras que también se debían estar consumiendo en Melilla, hasta que al filo de las tres de la madrugada los más trasnochadores regresaron a sus casas, con la satisfacción, eso sí, de, un año más haber cumplido con la tradición de esta mágica noche.